domingo, 30 de enero de 2011

Ser

                                          Olvidamos con frecuencia quienes somos, quienes son aquellos personajes que hemos ido construyendo. A veces el espejo nos los devuelve y descubrimos un rictus  extraño, unos párpados hinchados y ya todo nos acerca a un espacio húmedo y reducido.

                                         Olvidamos con frecuencia quienes somos y preferimos contarnos una hermosa historia brillante fantástica, lujosa, desenfrenada; pero sólo somos aquello que hemos construido con alfileres y que es más frágil que la porcelana: estallamos al mínimo contacto con la realidad

sábado, 29 de enero de 2011

Hidra

 
Al despertar no supo donde estaba, pero la hidra permanecía a su lado relamiéndose.

miércoles, 26 de enero de 2011

Abend

Humo de algo más que un cigarrillo.Copas de mejunjes innombrables.Resaca.Mentiras.
Luces para epilépticos.Dándolo todo  sin recibir más que una estúpida sonrisa que nada arregla.
Ese dolor más allá de las órbitas de los ojos,Olor a algo conocido que no se puede nombrar y sonrisas de los tratantes de sueños.
Empujones y manos que buscan más cosas que las carteras.
"Aquí no hay reglas"-susurró en su oído y su lengua,lenta y ávida, recorrió su oreja.Patrañas noctámbulas para no condenarse .
Una imagen fugaz de ojos brillantes invitando a subir al coche.
Carmín y lentillas,petaca y suspiros.Afuera el frío o la nada
Nak decidió que ya era demasiado y se dejó ir...se estaba tan calentito allí.

martes, 25 de enero de 2011

Sonrisa

Sonríe, déjate llevar por los vapores del ribeiro chungo a cinco duros la taza.Esas jacas de culos gordos estarán esperando a sus chulos de barra en el "Canis Lupus".Esa jodida escalera de caracol pensada para ebrios mutantes.No estoy seguro, pero pueden que sonasen los Blow Monkeys o Psicodelic Furs.Dame más alcohol de garrafón para matar la melancólica cadencia de mi autocompasión post-adolescente.
Todo tan lejos, agazapado en la memoria...da escalofríos recordarlo
¿Me dirás ese secreto? Mis ojos en sus piernas delgadas abrigadas por un leotardo negro calado.Amigo, sentir cerca esas piernas y los labios húmedos...estremece.
Ese secreto.Si lo dijese el mundo dejaría de ser ese lugar seguro, agradable y tedioso; si lo dijese...
Los cementerios están llenos de valientes y las fiestas de cobardes sonrientes con úlceras en el alma.

miércoles, 19 de enero de 2011

Hay un instante...

Con su permiso....

Hay un instante en las mañanas,justo antes de la ducha en el que mi cerebro funciona con una claridad casi inquietante...me ha ocurrido siempre;es entonces pienso las mejores frases que siempre terminan olvidándose o cuando encuentro soluciones mágicas que rara vez aplico...hay un instante de casi pleno conocimiento que,en ocasiones,hace que casi me aterre de verlo todo tan claro.Menos mal que solamente es un instante.

martes, 18 de enero de 2011

MALAS LENGUAS

En la flamante triada, por un capricho del destino era más bien un cuarteto de cámara, que ella había organizado para su deleite, a él le correspondía el papel de amigo. Pero por alguna extraña o curiosa casualidad no lo era.


Él la miraba como un gato observa a su presa, relamiéndose lentamente y anticipando todo tipo de delicias. Ella le ponía ojitos de gacela, aromatizada con olores comestibles. Pero, en contra de toda previsión, tenían propensión a enzarzarse en una enrevesada oratoria grave y profiláctica que desencadenaba las situaciones más agrias y enfriaba los corazones.


Él tenía la habilidad de enredarse en controvertidas disertaciones con las que se erguía bravo y contundente como un caballo desbocado, además de la fastidiosa costumbre de echarla de su casa a la mínima ocasión, lo cual dificultaba en extremo llegar tanto al consenso como al conocimiento mutuo.Ella se aplicaba a conciencia en prestar oídos y lengua en la misma medida, pero acababa siempre presa de una frustración disimulada a base de sonrisas mientras pensaba seriamente en la necesidad de una buena terapia tapioca, lo que dificultaba sobremanera el intercambio personal.


Él le calentaba la cabeza, tanto que, teniendo en cuenta que el cerebro es el órgano sexual más potente, constantemente se veía obligada a reprimir los millones de impulsos contenidos, atrapados en su cuerpo para no abalanzarse sobre esa boca parlante y morder toda esa carne cruda. Sujetaba con fuerza sus pensamientos para que no se le escaparan por los ojos o entre los dedos. Cuidaba con atención la expresión de sus dedos, como si se tratara de largos pinceles a punto de estallar en una explosión de expresión desatada. Hubiera sido todo un problema de no haberlo conseguido, quien sabe en que mala dirección se hubieran desatado la lenguas o la soberbia de los ambos contrincantes. 


Pero tampoco había mucho que decir, entre pensamientos atrapados, palabras malogradas y una inquietud latente rebullendo en sus interiores, la única situación posible era, una vez más, enredarse en una maraña de brazos y lenguas donde sólo los cuerpos dialogaban, cada uno como Dios le daba a entender, buscando el placer propio en el propio y a veces en el ajeno.


Él nunca percibió amenaza en ella, ni tampoco un atisbo de humanidad, ella era un animal, una presa, un objeto móvil que se insinuaba ágil frente a sus ojos. Se guardaba bien de la conspiración, de la traición, evitando siempre dar más información de la necesaria. Hacerlo hubiera sido un grave error, no se anticipa al enemigo una estrategia, ni un movimiento a la presa antes de ejecutarlo. Pero, llegados a un punto sin retorno, se dejaba llevar, más arrastrado por el instinto que por la razón, por lo que al final siempre regresaban a su caja torácica los remordimientos y la autocompasión. No sabía lo que hacía cuando lo hacía, y cuando dejaba de hacerlo se arrepentía, aunque tampoco supo nunca por qué.


Nunca hubo amaneceres, solo tardes sin sus noches o mañanas sin sus tardes. Nunca hubo lunas repletas, de enamorados u hombres lobo. Nunca café caliente o desayuno alguno, tal vez un té o dos. Nunca hubo despedidas, no eran necesarias, el honor de la despedida se concede siempre al que deseas volver a  ver, pero por aquella insidiosa manía de él, nunca existió ese deseo, ni, por lo tanto, ese honor o ese placer.


Ella lo aceptó sin más, tampoco lo comprendió muy bien, pero se limitó a no hacer preguntas inapropiadas, hacerlo hubiera sido tan innecesario como obsceno.


Así, cuando una mañana de otoño, mientras se cobijaba de la lluvia bajo una marquesina, leyó la esquela con su nombre, tuvo que meditar un instante para recomponer los pedazos de su memoria. Necesitó algunos minutos para encajar esa emoción en el hueco apropiado de su corazón, y cuando lo hubo encontrado destiló tenuemente la hebra voz que ahora afloraba a su garganta, la contuvo en su boca un breve instante y por fin ella dejó escapar un suave  – Uffff.- Haciendo balance de todo lo que él había significado en su vida. Bastó un simple “ufff” para solventar tamaña transgresión.